LA TACITA CUENTA SU HISTORIA
Descubrir el café en las diversas regiones italianas
Saborear un buen café en un hermoso país
Bienvenidos a Italia: 20 regiones y más de 8000 ciudades salpicadas por un país que presenta innumerables diferencias, de norte a sur, de este a oeste.
En esencia, es la variedad de Italia lo que hace de ella un país tan impresionante y apreciado. Hay un caleidoscopio de diferentes culturas y tradiciones que descubrir, todas ellas reflejadas en el café que los italianos beben cada día.

PERO ¿CUÁNDO APARECIÓ EL CAFÉ POR PRIMERA VEZ EN ITALIA?
Para responder a esta pregunta hemos de remontarnos a 1683, el año en que Viena fue liberada de los otomanos (gracias a su coalición con la República de Venecia).
Al huir, los otomanos dejaron tras de sí unos 500 sacos de café.
Como resultado, el café comenzó a fluir en torno a los canales de Venecia y, desde allí, al resto del país.
Esa es la razón por la que el café en Venecia tiende a ser equilibrado y aromático, con notas de una fragancia oriental avainillada que refleja años de historia y tradición.
El café en Milán, por otra parte, es bastante distinto: Milán es una ciudad veloz, funcional y pragmática, y casi por mor de la consistencia, el café tiene que ser ligero, delicado y refinado. Se convierte en un ritual que la gente se permite por la mañana, antes de ir a trabajar. Rápida, pero devotamente, se embelesan en su visita al mostrador de la cafetería.
Por otro lado, el territorio escabroso y las dificultades causadas por las Guerras Mundiales dieron lugar a expectativas sensoriales que los habitantes de las regiones del Piamonte y Liguria podían satisfacer fácilmente con sabores dulces, delicados y elegantes. Para ellos, el café era en esencia un pequeño placer que disfrutar con invitados.
En 1938, Achille Gaggia inventó un nuevo sistema de extracción de palanca y creó con él una nueva forma de beber el café en Módena. Este dispositivo permitía conseguir una crema más consistente y aromática, que mantiene el azúcar durante unos segundos antes de envolverlo por completo y arrastrarlo hacia abajo, en una danza lenta y fascinante. Sería imposible hablar de café en Italia sin mencionar la «tazzulella 'e cafè» napolitana. Un café intenso, oscuro, persistente, corto: gracias a estas notas el espresso napolitano se ha convertido en todo el mundo en embajador de la calidad y el estilo italianos.
Pero las diferencias no terminan ahí: hay también variantes en la nomenclatura. De hecho, el «Marocchino» de Milán se llama «Bicerin» en Turín, y se convierte en un «Espressino» en Apulia.
La reina indiscutible de la creatividad en términos de nombres es, en cualquier caso, Trieste.
Si quieres un espresso en la cafetería, tienes que pedir un «Nero», pero si lo quieres en un vasito, tienes que acercarte a la barra con confianza y pedir un «Nero in B». Un «Capo» es un cortado (espresso con un toque de crema de leche espumada) en una taza, que se convierte en «Capo in B» si lo quieres en vasito. El cappuccino es un «Caffellatte». Así que no te sorprendas si al decir: «Un café, por favor», te contestan con «Perdone, ¿qué ha dicho que quiere?».
En nuestro viaje por las regiones italianas, cada ciudad ha demostrado tener una identidad definida y saber adaptar el café a su propia forma única de interpretar el sabor. Por eso cada café regional refleja una cultura y encarna las características distintivas de una ciudad o zona.
Y hay mucho más que un simple «café» detrás de cada sabor y cada nombre, sea un «espresso», un «Bicerin» o un «Nero in B».
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